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“Hola soy Aminzay y busco a través de este medio al futuro padre de mis hijos, no busco un novio, pololo y menos casorio, sólo busco un hombre con las siguientes características 39/43 años, 1.80 de estatura, 80/95 kilos, tez blanca, y una cuota de inteligencia. Escribir a…” (Aviso puesto en un diario electrónico).
Su verdadero nombre es Susana Palma Olivares y en un par de días cumplirá treinta y seis años. La primera semana después de publicar el aviso recibió más de quinientas respuestas, pero sólo seleccionó a once, de los cuáles tres ya ha conocido personalmente: “Sé que suena descabellado, pero me di cuenta que al igual que yo, hay hombres que desean ser padres pero no comprometerse con eso de casarse, tener familia, un hogar, sino tener un hijo y responder por él, al menos eso me han dicho”.
Hace ocho meses Susana terminó una relación amorosa que había durado cuatro años. Ya en esa época se había puesto en campaña para ser mamá, pero al no ver resultados decidió ir a un ginecólogo, quien le confirmó lo que su pareja le achacaba cada vez que salía el tema de los hijos: que ella era infértil.
Este diagnóstico estaba errado, pero “Fiura”, como se apoda siempre por chat, confirmó su inexorable resolución de vivir la maternidad, ahora soltera y sin la más mínima ambición de casarse o tener una pareja: “mira, soy bonita, exitosa, —se ríe— pero tengo un genio de los mil demonios, así que soy complicada para tener una pareja. Además está el hecho de que tengo mi propia plata, entonces no necesito a nadie, sólo tener un hijo.”
Susana piensa que la razón de sus ganas de ser mamá es en parte por su familia: “cuando estaba enamorada me proyectaba con una familia, hijos, mi esposo, un hogar… Todo eso lindo que te dicen desde que eres chica, además está el hecho que yo tengo una linda familia, con mis padres y hermanos, entonces yo decía “eso es lo que yo quiero para mí: una casa, un esposo, hijos, un trabajo”. Pero ahora quiero ser madre, sólo eso. Tengo trabajo, mi casa me sale ahora en agosto, creo que lo pase chancho, viví el amor de pareja, la decepción de pareja, ahora sólo quiero ser madre, sentirme mujer, tener algo mío”, reflexiona.
El artículo de la Fundación Chile Unido “Maternidad postergada”, “la mujer del siglo XXI se enfrenta a un estereotipo de "súper mujer", que debe tenerlo todo a cualquier precio: éxito profesional, bienes materiales, matrimonio, hijos, salud física, belleza, etc. Todo esto la somete a una presión social por alcanzar ese estereotipo, lo que en muchos casos la lleva a postergar la maternidad más allá de lo aconsejable, para así alcanzar primero el tan ansiado éxito económico y profesional, y después de ello ser madre.”
Dueña de un cibercafé, se considera “demasiado perfeccionista, y eso me trae problemas, ya que quisiera que todos a mi alrededor fueran de la misma forma”, y es de hecho lo que la llevó a poner el aviso en el diario, porque a pesar de tener pretendientes, los considera “amigos con ventaja, sin ninguna proyección. Yo busco un prototipo, sé que suena feo, pero quiero tener hijos bonitos”, afirma.
Una Precursora de las Solteras por Opción
Hace once años atrás Nelly Cabello tenía veintinueve años y pensó que ya no se podría casar, y de hecho, que era “ahora o nunca” el momento para ser mamá, ya que después no tendría la posibilidad.
Biológicamente al menos, Nelly no se alejaba mucho de la verdad, pues según un artículo publicado en marzo de 2002 de la Fundación Chile Unido, “para la mayoría de las mujeres la fertilidad comienza su inexorable declive al inicio de los 30, tiene una gran caída a los 35, y se precipita a los 39. A partir de ahí, prácticamente desaparece.”
Nelly llevaba cinco años sin tener una relación seria cuando conoció al padre de su hijo, Nicolás, y a pesar de que sabía que no tenía posibilidades de enlazarse con él porque era un hombre casado, decidió de todas formas quedar embarazada: “Quería a alguien que estuviera a mi lado, de quien me pudiese preocupar y darle mi cariño. De hecho Nico es ahora para mí un pilar fundamental de mi existencia”.
Aunque el embarazo de Nelly fue planificado, en su familia nadie supo de su condición hasta los seis meses de gestación, cuando su mamá le preguntó por la incipiente panza que le estaba creciendo. La reacción fue peor de lo que esperaba ya que al vivir en un pueblo chico (“La gloria”, ubicado cerca de Rancagua) todos sabrían del “deshonor” de la familia, caracterizada por ser sumamente conservadora.
“Nadie en la casa me apoyó, si hubiese tenido adonde irme, me habría ido. En un comienzo ni siquiera me podía sentar a comer en la mesa con ellos (sus padres y dos hermanos hombres, particularmente sobreprotectores) porque siempre surgía el tema de la guagua y terminábamos peleando”.
Con respecto al padre, éste solo se limita a pagar los gastos del niño: desde la clínica donde nació hasta una mensualidad que actualmente le permite a Nelly tener a su hijo en un buen colegio mientras ella trabaja de enfermera y estudia peluquería en un instituto de formación técnica: “La figura paterna igual la sentí necesaria cuando el niño estaba pequeño, pero la cumplió mi papá mientras estaba vivo y después mi hermano, que lo siente como un hijo para él.”.
Nicolás, por su parte, no siente que haya sido necesario tener a su padre presente, se limita a agradecerle por el pago mensual de sus gastos pero “no voy a mendigar cariño, si él no me da un abrazo o un beso con el regalo de Navidad, yo no se lo voy a pedir”.
Nelly está orgullosa de su hijo, de volver atrás hubiese tomado la misma decisión: “Un hijo es lo más bonito que te puede pasar, además, si no hubiese tenido un hijo en ese minuto, ya no lo hubiese tenido nunca, los treinta era una buena edad y me sentía capacitada tanto sicológica como biológicamente”.
El mayor problema para Nelly fue que en su época eran muy pocas las mujeres que reconocían ser madres solteras, “o abortaban o los pasaban como hijos de algún familiar casado, la hermana o la propia mamá. Ahora es más normal, creo que se ha aumentado al doble desde que Chile se liberalizó en los ’90.”
Esto lo podemos ver reflejado con el último Censo, donde la tasa de participación laboral de la mujer entre los 25 y 54 años alcanza un 46,8%. De ellas, cerca de la mitad no tiene hijos.
Son muchas las mujeres que están retrasando su maternidad, principalmente por su incorporación al mundo laboral y por la falta de compromiso en una relación de pareja estable, pero hay variables que no se pueden controlar: ya sea que el reloj biológico les haga brotar el instinto maternal, o se den cuenta de que ya se les acaba el tiempo de la edad óptima para tener hijos, o quizás simplemente quieren cumplir con su sueño de infancia.
De esta manera, la inserción laboral de la mujer propicia las condiciones necesarias que hacen que surja esta nueva generación de madres solteras por opción.
Por Soledad Squella
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