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Por Mariana Martínez
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La Cruz puede interpretarse de muchas maneras, más allá de ser el símbolo de los cristianos. En la noche del sábado este fin de semana en Colchagua, Miguel Gonzalez, presidente y dueño de viña Estampa, usó toda su artillería para darme sus múltiples interpretaciones: puede ser la cruza de variedades, la cruza de culturas, la cruz de lo que hemos pasado, la cruz del peso que llevamos en las espaldas%u2026
¿Por qué tantas vueltas? Porque La Cruz es el nombre del nuevo Carmenère súper Premium de Estampa, y su nombre como lo confirma Gonzalez, viene de esa intención de cruzar variedades que ha distinguido a la viña entre sus pares desde sus inicios. Y es cierto, este carmenère 2008 tiene, en palabras de su enólogo asesor, el italiano Attilio Pagli, tres variedades componentes en su mezcla: 60% carmenère, 35% cabernet sauvignon y 15% syrah. De allí que lleve le rótulo de red wine, en lugar de carmenère en su etiqueta frontal. Más no las tiene por concepto, aquel de que un vino de Estampa debe ser sí o sí una mezcla, como reza su slogan. Sino porque el viñedo así se los ha pedido. Y es que esta viña ha aprendido en su recorrido, desde los 90, que el viñedo o el origen del vino es el que pide qué hacer con la uvas.
Mientras recorremos en una fría mañana de otoño el nuevo viñedo de esta bodega en Paredones, en el nuevo lugar de clima frío de Colchagua, Pagli me explica que La Cruz 2008, lanzado con bombos y platillo la noche del día anterior, nació de la primera cosecha del nuevo viñedo de Estampa en Marchigüe. Un lugar que se ha hecho conocido por ser más fresco que Colchagua Centro durante las noches de verano y otoño, pero nunca tanto como Paredones, y por ser dueño de un suelo granítico, de muy bajo vigor natural.
Agua para su riego en la cuna de La Cruz, Marchigüe, hay, pero a través de pozos profundos. Con el tiempo también todos hemos aprendido que en ese suelo y ese clima de Marchuigüe los vinos pueden tener una tanicidad peligrosa, demasiado dura cuando se prensan sin cuidado de las pieles de sus uvas. Y eso Pagli y su equipo, liderado por Ricardo Baettig hasta fines del año pasado (ahora Antonio Bravo), también ya lo saben. Definitivamente sí. La suavidad y elegancia de los taninos de este nuevo carmenère La Cruz es otra cosa.
Lo probamos la noche de su lanzamiento, el viernes en la bodega, junto a una plateada de wagú, y luego en la noche del sábado en al fabulosa casa de Luis Alegretti, esta vez al final de la cena en solitario, como me gusta probar primero un gran vino. Y la sensación fue la misma. Precioso color carmín y una nariz suave, tímida, de frutas negras y rojas, todo acompañado de una boca más ligera que media en su peso; de taninos suaves, tan suaves como un pétalo de rosa.
En boca definitivamente La Cruz es un vino rojo, de rica acidez, de fruta tungente, fresca. ¡Qué agrado beberlo a 16ºC el viernes junto al wagú, un agrado también beberlo a 18ºC el sábado! Para rellenar copa tras copa, sin hacerse preguntas, aunque ese tal vez sea su pecado por los $28.500 que vale. Ser perfectamente simple y franco, con un equilibrio perfecto entre fruta y madera. "Después, con la guarda, aparecerá su complejidad", nos dice Pagli. Pero qué pena tener esperar más y pagar tanto por esa boca perfecta.
Las parras también irán envejeciendo y ganando estructura, firmeza y complejidad de aromas; mientras, para eso están sus pares, parras de la misma edad, cabernet y syrah que le acompañan en la mezcla. Y por lo mismo, la mezcla entre las tres irá cambiando, para ir ganando más protagonismo aún el carmenère. En su segunda versión, por ejemplo, sabemos que subirá de 60 a 65%. Puede, me dice Pagli, que algún día sea 100% carmenère, pero ya no hay obligaciones.
Lo mismo pienso pasará en Paredones, cuando sus primeros vinos llenen las copas. ¿Qué han plantado allí, a tan sólo 8 km en línea recta de la costa? Las típicas cepas que gustan del frío: sauvignon blanc, en su mayoría, junto a pinot noit y syrah, también menos, pero algo de gewürztraminer y riesling.¿Seguirán mezclando cepas? Esta vez sale Martín Fernandez, el encargado vitícola de Estampa, a aclarar la duda. "¿Vas a mezclar pinot noir? ¿Con qué? ¿O qué sentido tendría mezclar un rico sauvignon blanc de acá sólo por mezclar?" Sin antes conversar sobre la antigüedad del suelo que yace bajo Paredones, su profundidad, y su dificultades para regar, Fernandez a dúo con Pagli y -ya con La Cruz lejos de su mente- me concluyen: "¿Mezclar en Paredones? No podemos ser tan tercos".
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