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Por Mariana Martínez
Apenas un par de días antes de la presentación del Sauvignon blanc 2007 de viña Veramonte, su antecesor (2006) me había dejado un sabor a desilusión y la sensación que de efectivamente el salto en producción (que lo ha llevado a las 90 mil cajas en estos últimos seis años) le estaba pasando la cuenta. Y la desilusión no era para menos, sobre todo recordando que este vino era ya todo un clásico, de excelente relación precio /calidad ($4.900), del valle de Casablanca.
Pero la suerte cambió, y el Sauvignon blanc 2007, presentado la semana pasada en el restaurante Emilio, me volvió a subir los ánimos. Si me preguntan por el 2006, que desafortunadamente también estaba presente, debo decir que no logró reivindicarse. Ya lo hemos dicho varias veces en el planeta: la potencia de los 2007 deja chico e insignificante a cualquiera. Lo mejor de este 2007, responsabilidad del nuevo enólogo en jefe de la bodega, Cristian Aliaga, es que ha combinado ese explosivo aroma exótico, a maracuyá que le caracterizaba en sus inicios (cuando conquistó el cetro de mejor sauvignon blanc de Chile); junto a esas notas herbáceas, y minerales que impresionaron el año pasado. Y si a eso sumamos la potencia ya mencionada, el resultado es una deliciosa bomba del Pacífico, para tomar en serio.
Lo que me deja abierta una ventana de buenos augurios para nuestros sauvignones, pues un invitado especial al evento, el nuevazelandés Kim Crawford (importante asesor de esta cepa) comentó con una visión muy personal que estamos 10 años atrás con respecto a los sauvignones de su país, tanto en el viñedo como en la bodega. Es decir, vamos bien pero aún es mucho lo que podemos y tenemos que hacer.
El otro buen augurio de la tarde, con alianzas gratamente sorpresivas (como el contraste entre el sauvignon 2007 junto a un jamón de pato ahumado y dulce de higos) significó probar la segunda de las varias novedades que Veramonte tiene preparadas para un futuro cercano (recordemos que la primera fue gran pinot noir 2006 a $12.000). Esta vez, el equipo de Veramonte -ahora encabezado por el Recaredo Ossa- presentó su primer vino rosado para el mercado chileno; un vino de un color precioso, para encantar a cualquiera sobre la mesa; en boca vinoso, de rica acidez, perfecto para acompañar ensaladas verdes y carnes frías blancas esta primavera. Como explicó Aliaga (por ocho años mano derecha de Rafael Tirado en Veramonte), sus uvas son del syrah del valle de Casablanca plantados en las zonas más cálidas de su campo, y cosechadas especialmente para hacer este rosado. No es el sangrado o escurrido de Primus (la mezcla tinta top de la casa) porque desde el 2007 señores, el controversial Primus viene de otro valle, Colchagua.
Un Primus por primera vez entonces colchaguino, y dirigido por Álvaro Espinoza, fue otra de las novedades que dio a conocer Ossa. Eso quiere decir que finalmente tiraron la toalla con el carmenère del frío Casablanca y que para hacer sus mezclas, del gusto de todos, con nuestra cepa diferenciadora, compraron un campo en Marchigüe. La idea, con este nuevo campo en el valle de Colchagua, explicó Ossa, es seguir haciendo el Primus pero sumarle más arriba en calidad y precio un nuevo tinto, en el que ya trabaja Espinoza. Siempre ambos vinos, aclara Aliaga, contando con el aporte diferenciador de sal y pimienta, que puede darles un pequeño aporte de Casablanca.
En resumen nos explica Ossa, en base a los vinos consagrados con que ya cuenta la bodega, “vamos a crear toda una nueva línea a la altura de Primus ($12.000), incluyendo un nuevo sauvignon blanc (ya de la cosecha 2007)”, y por arriba de ellos, se sumará un nuevo gran vino tinto. La estrategia no es nueva, es lo que ha hecho con gran habilidad la viña Montes, crecer hacia arriba a partir de su consolidada línea reserva. Tampoco suena descabellada, si consideramos que Veramonte, con su grupo de convincentes Anfitrionas del vino (profesionales dedicadas a promover los vinos de la viña y Chile de la mano de sus distribuidores en Estados Unidos) ha logrado ubicarse como la viña Número Uno en restaurantes de ese país. Con ese sitial, dar ese salto ya era toda una obligación.
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